Tema 3: Soy único pero no el único
Cada uno de nosotros tenemos una dignidad que nos hace únicos e irrepetibles; eso incluye otra verdad importante: no somos los únicos que somos dignos.
La importancia de reflexionar sobre este tema
Algunos rasgos que la cultura actual puede fomentar son el individualismo y el egocentrismo. Sin embargo, el ser humano no está hecho para el aislamiento, sino para el encuentro con los demás. Nuestra vida se desarrolla siempre en relación: con otras personas, con el entorno y con las cosas que forman parte de nuestro mundo.
Cuando aprendemos a abrirnos a los demás, es más fácil encontrar bienestar y sentido. Las relaciones humanas se sostienen en una actitud fundamental: el respeto. Este va más allá de la simple cortesía o de las buenas maneras. Respetar implica reconocer el valor de cada persona y tratarla de acuerdo con la dignidad que posee.
El respeto supone reconocer que cada persona tiene un valor que no depende de nuestras opiniones, preferencias o intereses. De este reconocimiento nacen las relaciones sanas de amistad, familia y convivencia. Aprender a respetar y a cuidar a los demás es un proceso que dura toda la vida y que permite construir vínculos más profundos y humanos.
Para trabajar en casa
En las conversaciones cotidianas, fomentar el uso habitual de expresiones como “por favor”, “gracias” y “disculpa”.
Evitar hablar mal de otras personas. Es importante distinguir entre cuestionar acciones o conductas y descalificar a alguien como persona. Conviene evitar etiquetas o expresiones que reduzcan a las personas a un rasgo negativo.
Animarlos a pensar en las necesidades de quienes tienen cerca, como sus amigos o compañeros de clase, y a desarrollar una actitud de cuidado y consideración hacia los demás.
La importancia del servicio
Aprender a pensar en los demás y a disfrutar cuando otros están bien: saber ceder en cosas cotidianas, como la comida, los lugares en el auto o los asientos en la casa.
Ayudarlos a reconocer a las personas de la familia que pueden necesitar más atención y pensar juntos cómo acompañarlas: visitar o llamar a los abuelos o a familiares que están solos.
Visitar a personas enfermas cuando sea posible, para desarrollar mayor sensibilidad frente al sufrimiento de los demás y pensar cómo acompañarlos o ayudarlos.
Participar en alguna actividad de voluntariado que les permita colaborar y aportar a su comunidad.
Con los hijos e hijas
Favorecer que los planes con amigos ayuden a fortalecer las amistades: realizar actividades entretenidas sin dispositivos y abiertas a otros compañeros de la clase.
Entre hermanos: promover responsabilidades compartidas. También puede ser positivo que los mayores se involucren en apoyar a los más pequeños en metas concretas.
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